La destripadora de la campagna

campagna bolognesa.jpg.preview

Necesito confesarme querido lector! Desde que llegué a Italia siento que algo está creciendo dentro de mí. Algo, -un ‘ay!’ con respiración profunda-, malvado! Sí sí, lo ha leído usted perfectamente bien: MAL – VA – DO. Me siento un poco como la hija de Cruela de Vil y Jack el destripador. Y yo nunca he sido así.

Todos los que me conocen podrán jurar delante de la corte que yo siempre me he parecido un poco a Heidi. Pero no a la de la versión perversa que empuja a Clara al fondo del precipicio y fustiga a Pedro. Yo era más de lo de saltar en plan carajote por las montañas y quedarme embobada como el abuelo hacía la mantequilla (que quien se comiese ahora un pan de pueblo con esa manteca y el trozo de queso…) Pero la llanura padana me está transformando. Y ya me estoy empezando a dar miedo.
Todo empezó sin querer. Como casi todo en esta vida. Yo estaba ahí, tranquila, canturreando… haciendo cualquier cosa, cuando de repente, un sonido entró en mi cerebro. Era molesto y repetitivo. Intenté ignorarlo pero mi mente no me dejaba. Era el centro y el todo de mis pensamientos. Cada vez mas intenso. Y cada vez más fuerte el deseo de acabar con aquel ruido que me estaba volviendo loca. Empecé a caminar de un lado para otro intentando averiguar de dónde provenía, quien era el causante. Quería parar, parar ese estúpido zumbido en mi cerebro. Creo que perdí la conciencia entre tanta locura. No recuerdo como ocurrió, querido lector. Pero, sí, la víctima ya yacía entre mis manos.
Limpié los restos y la escondí en la basura. No quería que nadie supiera lo que había hecho. Había matado una vida! Yo! Yo que estoy en contra del maltrato animal, de los toros, de la pena de muerte, de los pozos de petróleo en el ártico, del consumo irresponsable, de las grandes cadenas alimenticias, de la caña sin aceitunitas… Yo.
Pero querido lector, tengo que continuar mi confesión. Porque ahí no se quedó. Una parte de mí no es feliz por lo que estoy haciendo. Ni siquiera me gusta el olor que tengo que soportar cada vez abro la basura. Pero ese zumbido… ese zumbido me persigue! Me prometieron que pararía con la llegada del otoño, y sin embargo sigue conmigo. Yo ya no se si soy yo o es el mundo. Pero tengo miedo. Tengo miedo que mañana, 31 de octubre, noche de todos los muertos, los cadáveres despierten y vengan a buscarme. De la basura a la cama! Revoloteando! Y son tantos!
Apiádate de mí lector, y dedícame alguna de tus oraciones, porque ya matar chinches verdes no es suficiente.

Fuente foto: Cimice verde: l’infestante della campagna

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: